Fotografía

Textos

Existe un código del artista que transporta el infinito de sus aspiraciones al universo que le rodea. Es un deseo de amor que a través de un gesto metafísico establece un puente con el mundo circundante. La obra de Petsire sigue este estado de ánimo. Es ante todo su verdad. Con ella confirma sus preocupaciones sobre la continuidad del planeta. Expresa bien lo que llamamos una "acción sin palabras", una obra que transcribe su vida en un verdadero diario de su existencia. Evidencia la búsqueda de la artista en este tema de infinitas posibilidades. Lo impalpable que yace en la raíz de este contexto apasiona y ejerce un extraño encanto, como si un imán estuviera presente entre la superficie de la obra y la mente del observador, conduciendo a un territorio de placer y libertad interior.

En el planteamiento formal propuesto por Nathalie Petsiré Barends, subvierte diversos cánones de la fotografía contemporánea, liberándolos de las cadenas museológicas de la preservación y la conservación. La posibilidad de manipular las obras y su comparación a través de la proyección y la transparencia, libera a la fotografía de su peso más pesado, el montaje perenne, siempre cuestionado por su propia fragilidad. El observador se sitúa frente a lo que podría ser su propia imagen, en una actitud de interacción e integración más próxima a una instalación tridimensional o al arte vestible. Finalmente se supera la barrera física, y nos encontramos con una obra lúdica de diversos atractivos estéticos, donde nos encontramos junto al otro, el propio artista, como partícipes del proceso creativo, en una fusión de obra, autor y observador, que ahora se convierte en creador. Esto nos lleva a otra síntesis de la experiencia artística, donde el autor, junto con su obra, se une al observador.

La teoría antigua sostenía que los objetos eran visibles porque los ojos emitían una radiación capaz de revelarlos. Esto era, sin duda, más inspirador que el reverso óptico real, donde somos miopes por la insistencia de los objetos, el atractivo de los colores y la exorbitancia de las luces. Nathalie parece venir de esos buenos tiempos primigenios. Ella lanza una primera mirada -íntima, curiosa y afectiva- a las cosas y a los seres que van a conformarse en tiempo real. Los libera como membranas de plasma, de luz, de colores y de matices, e incluso los señala diciendo: "Os haré del vacío, del vacío de luz, para que habitéis el mundo". Pues bien, ésta parece ser la tarea fatal de dioses y diosas. El artista no debería, en estos tiempos de pequeños sueños, exigirse menos a sí mismo.

"Hillu-Photos" El prefijo Hillu procede de Hillunat, una palabra que creé para representar un concepto que es la base de mi expresión artística. Representa la forma en que interpreto y visualizo el flujo de la vida, donde las polaridades orbitan en torno a un centro común para interactuar, unirse y armonizarse. Su significado procede de las palabras iluminar y naturaleza. La "H" representa palabras que considero esenciales para vivir una vida luminosa, como Salud, Felicidad, Armonía, Corazón, Humano, Honestidad y Esperanza... Las "Hillu-fotos" invitan a participar del proceso creativo celebrando el deleite de percibirse conscientemente vivo. Fotografío como si la cámara fuera un tercer ojo que sigue el movimiento natural de la vista. Las imágenes impresas sobre materiales transparentes trascienden el plano bidimensional, interactuando con el observador y el entorno en el que se instalan. En esta serie, el tema principal es la naturaleza del ser, y su hogar, el cuerpo. Me gusta imaginar que el ser humano es como un rayo de luz que se ha materializado con el propósito de iluminar la materia, redescubrir su propia esencia y evolucionar.